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lunes, 7 de octubre de 2013

Con el enemigo bajo tus sábanas.

Con el enemigo bajo tus sábanas.



Una amiga nos cuenta...

Mi ex esposo y yo teníamos serios problemas en especial debajo de las sábanas. Excepto cuando me agredía. Eso parecía excitarlo. Golpearme contra los muebles y paredes, humillarme con términos peyorativos afirmando que yo no valía nada era parte de su ritual mensual, por dicha solo una vez al mes le daban ganas.

Era un círculo de violencia que se repetía una y otra vez.

Después del “coito reconciliatorio”, venía una semana de relativa tranquilidad, pedía perdón, suplicaba, hacía promesas, me daba regalos costosos, viajes, hacíamos  planes y halagaba.

La segunda semana empezaban los cuestionamientos, las cosas podrían ir mejor pero tu lo arruinas, me culpaba de las cosas más insólitas. Provocaba los roces, por ejemplo; se ofrecía para hacerme un favor  para luego criticarme públicamente, “Suegra, yo siempre cambio al bebé, porque ella es una vaga”. 

Y así trascurrían la 3ra. Y 4ta semana entre provocaciones, falsas acusaciones, insultos solapados que socavaban mi auto estima, siempre  buscando la explosión, mientras  tanto así justificaba su inapetencia sexual, argumentando que con una mujer “vaga” como yo no le provocaba, hasta que la tensión explotaba en  agresión.

Solo así lograba tener una erección más fuerte y larga. A más intensa y violenta la agresión, más se excitaba. 

La penúltima vez que me agredió, me dijo que ya había contactado a una pareja para ver como él gigoló me hacía el sexo en frente de él, mientras él tenía sexo con otra mujer. Sin ni siquiera consultarme si yo estaba o no de acuerdo. Fue cuando decidí que ya era suficiente, solo yo tendría control de mi sexualidad, ese encuentro nunca se dio, lo dejé en la última golpiza exactamente un mes después.

Fueron 3 años infernales, donde tenía prohibido masturbarme, vestirme de cualquier forma que él considerara sexy, mi carrera de modelo se terminó, obviamente, él prefería verme gorda, desaliñada con ropas muy grandes, holgadas y conservadoras de mujer mayor, con tal de que otros no me miraran.

 Era un celópata, que hacía el ridículo en la calle, si alguien me miraba le ofrecía golpes, o me insultaba en público “por andar de zorra enseñando los pechos” yo era la responsable de haber provocado el incidente vistiéndome así. Pero si alguien lo confrontaban era un maricón que salía corriendo, lo que resultaba peor porque la pagaba conmigo.

NO importaba cuanto luchara por complacerlo, JAMÁS se le quedaba bien, era inconforme, insaciable, era “mi obligación” de acuerdo con mis creencias religiosas de esa época, salvar como fuera ese matrimonio porque era para toda la vida y no podía dejar a mi hijo sin padre...

Nadie me creía que estaba siendo agredida de todas las formas posibles, ante los demás él era mejor esposo del mundo, cuando ese miserable me obligo a tener sexo aún con los puntos se la episiotomía, es decir recién parida, lo que además de doloroso y traumático me produjo una terrible infección.

Me pegó el VPH, lo que me causó una Displacia moderada a los 38 años. Pues contaba como un gran logro que él había sido muy promiscuo, le encantaba contratar prostitutas, según él con ellas si funcionaba, me imagino que las humillo y maltrató terriblemente a las pobres.

Era famoso por ser un pica flor, pero era evidente que había dejado secuelas en las ex novias, inseguridades, y mucha rabia en su contra.

Era un hombre apabullante, que parecía ser súper seguro de sí mismo, un ganador, pero debajo de las sábanas era inseguro y eso lo ponía furioso. 

Mi mayor error fue sin duda hacerle sentir siempre que el inútil en especial en la cama era él. Por ese pequeño detalle técnico casi me mata. El divorcio fue apenas el comienzo…

Mi resiliencia me salvó de este monstruo, durante sus humillaciones y vejaciones, una parte de mí siempre se negó a CREER lo que él me decía. Estuvo muy cerca de anularme, si no lo hubíese tenido la valentía de confrontado y abandonarlo. 

Estuve a punto de terminar loca, por eso entiendo a quienes están allí atrapadas es muy difícil zafarse de un agresor en especial cuando te has convencido de que él tiene la razón. 

Escucha tu voz interior, recuerda lo que eras antes de que él entrara en tu vida, lo que deseas ser en el futuro y aléjate del dolor.

Hoy en día tengo un maravilloso esposo, sabrás que no hay dolor que pueda paralizarte cuando hay voluntad DE SER FELIZ.

Si no puedes liberarte de tú agresor busca ayuda profesional, si éstas en una relación violenta puedes ser parte d elas estadísticas qeu terminan asesinadas por sus conyúges, generalmente hay centros de ayuda para mujeres agredidas, e inclusive para hombres agredidos, ya qué ésto no es sólo un problema de género. Infórmate!

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