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lunes, 7 de octubre de 2013

Cuando los hijos son la manzana de la discordia después de un divorcio.

Cuando los hijos son la manzana de la discordia después de un divorcio.

Algunas parejas no aceptan la separación y atacan por donde más duele, haciendo de los hijos un arma para lastimar a tú ex, sin medir el daño a veces irreparable que le hacen a sus hijos.

Esta amiga nos cuenta su dolorosa historia.

Después de estar casada 3 tortuosos años con mi esposo agresor, saqué valor y lo dejé. Por desgracia, no escuché el consejo legal de la abogada que consulté, quien me propuso llevarlo por la vía contenciosa alegando precisamente la agresión de la que ambos habíamos sifo victimas. No obstante, como buena víctima de agresión yo aún no pensaba que el era tan malo. Por lo que escogí una separación de "mutuo acuerdo".

Los siguientes 9 años se convirtieron en litigios dolorosos, múltiples demandas y contra demandas, por los derechos sobre nuestro hijo de apenas año y medio. Una batalla interminable. A pesar de mis pocos recursos económicos y de la negativa de mi familia a ayudarme a conservar a mi hijo, mi ex esposo NUNCA me ganó, pero yo tuve que ceder.

Tuve que separarme de mi hijo, era una cuestión de vida o muerte.

Perdió cuanto caso intentó, modificaciones de guarda y custodia, patria potestad, incumplimiento de régimen de visitas, ridículas pensiones, etc.

Simplemente desgastador, 9 años de mi vida  inmersa en un estrés continuo, el acoso era cada vez peor, me seguía a todos lados, me hacía perseguir por detectives, llamaba constantemente a la escuela a ver si yo me atrasaba un minuto, o si llevaba al niño con zapatos limpios, se valía de cualquier excusa legal para que yo no pudiera viajar ni a la playa.

 Movía sus influencias para poner en mal mi imagen, en cuanta empresa quisiera yo trabajar. Pasó trapeador (mopa o coleto)con mi nombre, sus conocidos, familiares y amigos me señalaban de zorra, puta, vaga, imbécil por haberle dejado etc.

Con lo que más me hacía sufrir era con la retención del bebé, se llevaba a mi bebé de apenas año y medio un viernes y debía regresarlo el domingo, pero pasaban hasta 3 semanas desesperada sin saber del nene. Lo secuestraban. Ni sus familiares, ni él me daban razón, fue una verdadera tortura. Hasta que finalmente busqué un defensor público y lo obligué a respetar el régimen.  Le obligué a pagar una pensión justa y a respetar mi espacio. Su odio hacia mí era cada día mayor.

Un día simplemente me echó el carro encima,aunque yo tenía a nuestro hijo en brazos, casi nos atropella. Comencé a tener accidentes extraños. Un par de veces le sacaron las tuercas a las llantas de mi carro, la segunda vez casi nos matamos, un día amaneció con una manguera de aceite cortada.

Hasta que finalmente un día alguien le destrozo los vidrios a mi carro, solo que esta vez, hubo un testigo, quien me llamó y me contó aterrado, que había visto a mi ex esposo destrozar mi carro a la 1:00 am. Era oficial el tipo estaba completamente obsesionado.

Fue una época extraña donde algunos parecían tenerle pánico y temer por mi vida, mientras que otros seguían dudando de mi palabra, el era conocido como: Don Perfecto, el exitoso hombre que ya tenía una familia “feliz” no querría nada mas conmigo, y quien por supuesto, jamás sería capaz de hacerle daño a su propio hijo.

Lo que no era para nada cierto, hay muchas formas de lastimar y marcar a alguien. Después de 9 años de litigios y viendo que era inminente mi mudanza a otro país, el estructuró toda una red de corrupción para viciar el juicio donde yo pediría permiso para llevarme al niño.

Yo había decidido darle fin a tantos años de acoso, y mudarme, cosa que él jamás permitiría, no obstante nunca se imagino que yo sacaría el valor para optar por la opción más dolorosa separarme de mi príncipe amado, mi hijo.



Las circunstancias me obligaron por el bien del niño y del mío propio a ceder la custodia temporal y mudarme sin él. Casi muero de dolor en el intento.

Separarte de un hijo puede resultar una de las experiencias más dolorosas y traumáticas que una madre pueda experimentar. Más en mi circunstancia, donde era tan injusto todo aquello.

Pero ya estaban en riesgo su salud mental, mi vida y la de mi familia. Mi propia vida no me 
importaba mucho, ya que era tanta la rabia que sentía que de haberme tocado creo que lo hubiera matado con mis propias manos. Fui muy imprudente, pasé años devolviéndole cada golpe que me dió, en su reputación, en el ego, en el bolsillo, en su imagen, no medí las consecuencias de alimentar ese odio durante esos 9 años, pero al ver que psicológicamente mi hijo era el más afectado y que mi familia corría riesgo real, desistí.

El primer año me deprimí mucho pensaba recurrentemente en el suicidio como una forma de acabar con la vida miserable que me había tocado, a veces pensaba en regresar y pedirlo ante un juez pero ese país se fue convirtiendo al socialismo, él era cada vez más poderoso y mis finanzas en el extranjero no eran las planeadas y así fueron pasando los años hasta que me di cuenta que mi propio hijo prefería estar con él que conmigo, al menos eso parecía. Así que lo acepté y aprendí a vivir con su ausencia extrañándolo todos y cada uno de mis días, dándole gracias a Dios que está vivo y feliz aunque no pudiera besarlo a diario.

No fue hasta que mi hijo cumplió la mayoría de edad, exactamente 9 años (después) que pude disfrutar de hablar con él por teléfono, sin la intromisión de su maquiavélico padre.

Lo invité a vernos en los Estados Unidos, quería que conociera a mi actual esposo y viera a su hermanita, teníamos 5 años de no vernos. Casi me da un infarto de la emoción, fue solo un fin de semana pero pasamos abrazados, besándonos, y conversando.

Siendo ya un hombre quería escuchar mi versión de los hechos, solo puedo decir que mi hijo contrario a lo que yo mas temía, si me extraño y nunca dejo de amarme.  Siempre dude que el lavado de cerebro del que era víctima funcionara y me terminara odiando u olvidando, pero no es así.

Gracias a Dios mi hijo hoy de 21 años y yo tenemos una hermosa, ciber relación, ya que vive en un hermoso país desarrollado, lejos de mí, lejos de su padre, territorio neutro donde es un joven determinado y feliz.

Su resiliencia le hizo aferrase a la idea de hacerse una persona cada día mejor, y de las que sus hijos se sintieran orgullosos en el futuro. La resilencia del joven, heredada obviamente de su madre le ayudó a sobrivir toda esa historia de separación y dolor.

Esa experiencia legal la inspiró a convertirse en abogada especializada en el área de familia y  violencia domestica, con frecuencia da ayuda gratuita a mujeres y niños necesitados.

Por más dura que sea la experiencia hay que aprender y  que sacar algo positivo!

No obstante procuren no involucrar a sus hijos en esas guerras de poder. Líberen a su hijos de sus karmas!

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Gracias por dejarme tu comentario o apreciación. Recuerda que por la naturaleza de los hechos narrados se usan nombres ficticios. Cualquier parecido con la realidad, es mera coincidencia. Deleinma ;)